jueves, 23 de abril de 2015

Maltrato físico o psicológico en el adulto mayor

Se define al maltrato hacia las personas mayores como “cualquier acto u omisión que produzca daño, intencionado o no, practicado sobre personas de 65 años y más años, que ocurra en el medio familiar, comunitario o institucional, que vulnere o ponga en peligro la integridad física, psíquica, así como el principio de autonomía o el resto de los derechos fundamentales del individuo, constatable objetivamente o percibido subjetivamente. (Consenso Nacional de maltrato al Anciano, 1995) define al maltrato como “Acto único o repetido, o la falta de una acción apropiada, que ocurre dentro de cualquier relación donde existe una expectativa de confianza, que causa daño o angustia a una persona mayor. Puede ser de varias formas: físico, psicológico/emocional, sexual, financiero o simplemente reflejar negligencia intencional o por omisión”. Otra definición es la que ofrece INPEA (International Network for the Prevention of Elder Abuse) y Action on Elder Abuse, que definen al maltrato de personas mayores como “cualquier acto, ya sea aislado o repetido, o la falta de acciones apropiadas, que ocurren en el marco de cualquier relación interpersonal donde existe una expectativa de confianza y que causa o puede causar daño o malestar a una persona mayor o viola sus derechos humanos o civiles”.





Para que estos hechos se tipifiquen como maltrato deben ocurrir en el marco de cualquier relación interpersonal donde existe una expectativa de confianza, cuidado, convivencia o dependencia, pudiendo ser el agresor un familiar, personal institucional (ámbito sanitario o de servicios sociales), un cuidador contratado, un vecino o un amigo.

La vergüenza, la tristeza, la impotencia e incluso la incapacidad física o psíquica conducen a que esta situación no se denuncie con facilidad, se presentan más dificultades que en caso de maltrato de menores. Aunque el maltrato haya sido evidenciado, el anciano niega la situación por la relación de dependencia que tiene establecida con el agresor, ya sea por motivos familiares, o por económicos. Además suele pasar que en el intento de realizar un examen físico para encontrar lesiones, que indiquen un posible maltrato, los signos no se puedan leer claramente ya que por las propias características del anciano (enfermedades, aspecto de su piel) confundan signos con una posible enfermedad. La familia y las instituciones son los dos principales contextos en los que se da el maltrato, estos son diferentes ámbitos en donde puede aparecer en sus diversas manifestaciones. Es importante distinguir las acciones abusivas de sus consecuencias ya que no se deben confundir los tipos de maltrato con los efectos que estos tengan sobre la víctima. Por ejemplo el abuso sexual puede tener efectos psicológicos devastadores, pero no por eso se refiere que la víctima ha sufrido maltrato psicológico o emocional.
Se establece cinco categorías de maltrato hacia personas mayores: maltrato físico, maltrato emocional, negligencia, abuso económico y abuso sexual. Es la misma tipología que se ha empleado para el maltrato infantil, pero se agrega el abuso económico. Esta clasificación coincide con la de INPEA y Action on Elder Abuse siendo estas dos de las organizaciones más importantes en cuanto al estudio del maltrato hacia personas mayores.
A continuación se definen los tipos de maltrato:

-Maltrato físico: es toda acción voluntariamente realizada que provoque o pueda provocar daño o lesiones físicas en la persona mayor. Los efectos o secuelas suelen ser las más visibles aunque no necesariamente las más graves. Ejemplos: golpear, abofetear, quemar, empujar, zarandear, etc. Consecuencias: arañazos, heridas, marcas, fracturas, luxaciones, abrasiones, quemaduras, pérdida de cabello.

- Maltrato emocional: el maltrato emocional o psicológico es toda acción, habitualmente de carácter verbal, o actitud que provoque o pueda provocar daño psicológico a la persona mayor. Abarca acciones diversas como insultar, gritar e ignorar. Esta última puede ser más dañina que el resto pudiendo generar graves consecuencias en la persona mayor, principalmente depresión. Ejemplos: rechazar, insultar, aterrorizar, aislar, gritar, culpabilizar, humillar, intimidar, amenazar, ignorar, privar de sentimientos de amor, afecto o seguridad. Consecuencias: depresión, ansiedad, indefensión, trastornos del sueño, pérdida de apetito, miedo, confusión, tristeza.




Cobran especial relevancia las amenazas, siendo las más comunes las de abandono e institucionalización. Esto da como resultado que por el temor a que cumplan las amenazas los ancianos suelen soportar condiciones muy dañinas dentro del hogar.
Se menciona la negligencia en este caso como referencia al abandono o el incumplimiento de las obligaciones en los cuidados de la persona mayor. Incluye desde la privación de las necesidades más básicas, como la higiene o la alimentación, hasta el uso inadecuado de la medicación. Ejemplos: proporcionar dosis inadecuadas de medicación por exceso o por defecto, o administrar una medicación errónea, privar de las necesidades básicas (alimentación, higiene, calor, ropa adecuada al clima, asistencia sanitaria, etc.), abandono. Consecuencias: malnutrición, deshidratación, mala higiene corporal, hipotermia o hipertermia, úlceras, agudización de enfermedades.

El abandono es una de las formas más extremas de maltrato. En Brasil entre un 15% y un 30% los ancianos son abandonados en hospitales a donde son llevados por los mismos familiares; en cuanto se refiere al abuso económico, también llamado abuso financiero o material, consiste en la utilización no autorizada de los recursos económicos o de las propiedades de una persona mayor, un ejemplo de lo dicho se ve cuando, a veces los ancianos son obligados a firmar documentos en contra de su voluntad como “testamentos”. el abandono se evidencia en heridas que no han sido atendidas, deshidratación, mala alimentación, pérdida injustificada de peso, ropa sucia y en mal estado, vivienda en malas condiciones, falta de higiene, falta de medicación cuando esta es necesaria o incumplimiento de las indicaciones médicas, en algunos casos sobremedicación, privación en cuanto a los contactos de tipo social. 



Por otro lado, existe también el abandono por parte de la misma persona mayor sobre su persona, el autoabandono se entiende que la persona mayor ya no tiene la capacidad para atender su aspecto personal, su higiene, su alimentación y realizar el aseo del lugar en donde vive. Pero a la vez el anciano se niega, rehúsa recibir ayuda descuidando así sus problemas de salud no tomando la medicación necesaria. Este aspecto suele presentarse en personas con cuadros depresivos, trastornos cognitivos y emocionales. Un estudio citado por Acrich realizado por Plamondon y Lauzon revela que un 77% de las mujeres padece maltrato contra un 23% de hombres. La edad promedio de los ancianos es de 79.8 años, y que un 60% de las víctimas son viudas, aunque un 35% restante son casadas. En cuanto al que ejerce la violencia o maltrato un 53% son hombres, un 43% son mujeres y la edad promedio de los victimarios es de 58 años. En un 52% se trata de un hijo, 4% de un nieto, 10% de alguien próximo u otro lazo familiar, el 26% es el cónyuge y el restante pertenece a otros. En cuanto a la clasificación del tipo de abuso o maltrato cometido se encuentra que un 29% corresponde al abuso económico, 24% al psicológico, 20% al abandono, 15% corresponde al físico, 8% a la violación de los derechos, 2,6% al maltrato social y un 0.6% al sexual. Se proponen a su vez, cuatro modelos de intervención frente al abuso y maltrato contra personas mayores:

1-    Un equipo multidisciplinario que aborde los casos.
2-    Un programa de defensa de los derechos de las personas mayores.
3-    Un grupo de apoyo para las víctimas de violencia.
4-    Programas que aborden esta problemática.




En conclusión, Tradicionalmente el respeto a los mayores ha sido uno de los aspectos resaltantes en nuestra cultura, sin embargo, se debe admitir que estos valores se han modificado de manera significativa en nuestra sociedad. Se construye alrededor de los ancianos una imagen desvalorizada que propicia los actos violentos que se ejercen sobre sus silencios y la sumisión a los otros. Los mayores son vistos como personas frágiles, dependientes y sin utilidad. 
Los sistemas de protección prefieren a los niños. Por lo cual, los sistemas de atención primaria de la salud en la comunidad deberían incluir desde lo más elemental, es decir desde la educación en la niñez hasta el cuidado a los ancianos. Se propone también actuar en la prevención, fomentando la capacitación dentro de la comunidad de las formas de prevenir la violencia incluyendo a todos los factores sociales que intervienen en su vida diaria. Otro punto importante es el de observar el trabajo que los cuidadores realicen, asesorándolos, brindándoles asistencia psicológica y contención para prevenir sus propios actos violentos comprendiendo las situaciones por las que atraviesan al cuidar a los ancianos.

Azoh, B., (2002) “Maltrato Familiar en Edad Avanzada”, tomado de: http://www.bdigital.unal.edu.co/21943/1/18493-59990-1-PB.pdf
Figueroa, L. (2005) “Violencia Familiar en persona adultas mayores en el Perú”, tomado de: http://www.mimp.gob.pe/files/programas_nacionales/pncvfs/mimdes_adultos_mayores_libros.pdf
Acrich, L. (2008) “Violencia familiar y vejez”, tomado de: http://www.ub.edu.ar/investigaciones/tesinas/248_dameri.pdf


sábado, 11 de abril de 2015

Situación económica en el anciano


El proceso de envejecimiento de la población, considerado hasta hace algunas décadas como un fenómeno lejano a nuestra realidad y característica sólo de los países desarrollados, se experimenta de manera rápida en el nuestro país. Todo indica que la proporción de la población de sesenta y más años, se incrementa de manera rápida. Según estudios de la CEPAL, el proceso de envejecimiento en nuestro países se vuelve preocupante por dos características que nos diferencian de las naciones desarrolladas: En primer lugar, que este proceso en América Latina se desarrolla a un ritmo más acelerado, y, en segundo lugar: se da en un contexto de alta incidencia de pobreza, un pobre desarrollo institucional, una muy baja cobertura de la seguridad social y una tendencia hacia la disminución del tamaño de las fuentes de apoyo producto de los cambios en la estructura y composición familiar. La edad en la cual se supone que los adultos mayores debe de dejar de trabajar (jubilarse) es a los 65 años en varones y 60 años en mujeres. No obstante, eso supone que cada una de las personas que llegan a esta edad han aportado socialmente a lo largo de toda su vida, esto queda evidenciado a través de los contratos y demás documentos que se hacen cuando se contrata a una persona, Sin embargo, la realidad es otra: más de dos tercios de los trabajadores laboran informalmente o por cuenta propia. La mayoría de las empresas son pequeñas empresas familiares que tienen baja productividad y, por lo tanto, son incapaces de contratar formalmente a sus trabajadores y disfrutar derechos sociales como aportes a la seguridad social y al fondo de pensiones.



El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) publicó recientemente el último informe sobre la población de adulto mayor en el país, conformada por ciudadanos de más de 60 años.
El documento revela que la población que trabaja en el área urbana del país llega a 1’099,900 en el último trimestre del 2014. Ello representa un aumento de 6.8% respecto al trimestre previo.
El informe señala, además, que la participación femenina se incrementó 17%, mientras que la masculina solo creció 2.8%.
Cabe mencionar que, de acuerdo a estadística publicada por la institución, la población de los adultos mayores es una de las que menores sueldos perciben en el Perú.



Según la Encuesta Nacional de Hogares sobre condiciones de vida y pobreza (ENAHO), el porcentaje de hogares con al menos una persona de 60 años en el Perú, en el año 2007, fue de 32.2%11, y, en lo que respecta al área urbana, el 30,0%. La importancia que va adquiriendo la proporción de personas adultas mayores en el país, hace que cada vez más hogares tengan entre sus miembros una persona adulta mayor. En lo que respecta a los hogares urbanos en situación de pobreza, el 26.6% de ellos alberga al menos a una persona adulta mayor. Esta característica podría constituir un rasgo adverso que se añade a otras condiciones desfavorables en las que las familias deben enfrentar la situación de pobreza. La visión estereotipada de un/a anciano(a) que en esa etapa de su vida ya no aporta económicamente, sino que es mantenido(a), tanto porque carece de una pensión de jubilación o porque si la tiene esta es escasa.
El 57.3% de las personas adultas mayores en situación de pobreza, trabaja o busca trabajo. Existen diferencias, tanto por grupos de edad como por sexo y condición de pobreza. De esta forma, si bien la población activa de 60 a 69 años comprende al 72.1% de este segmento poblacional, es decir la gran mayoría, la tasa de actividad cae a 40.3% para las personas de 70 y más años. Las mujeres reducen su participación en actividades económicas de manera más drástica que los hombres cuando alcanzan los 70 años en adelante. La mayoría de los hombres en situación de pobreza, aún a esa edad, sigue siendo económicamente activa. Casi todas las personas adultas mayores de 60 a 69 años, en extrema pobreza, son económicamente activas e, igualmente, una muy alta proporción son mujeres. Llama la atención cómo incluso casi el 70% de hombres de 70 y más años en extrema pobreza sigue siendo activo. Las tasas de actividad son también bastante altas, aunque en menor medida, para el caso de las personas adultas mayores cuya condición no es de extrema pobreza.
Más de la mitad de la población de adultos mayores realiza alguna actividad laboral, principalmente, actividades agropecuarias, seguido de actividades del sector servicios y comercio. La principal fuente de ingresos del adulto mayor está constituida por los ingresos laborales y algún tipo de pensión, mientras que en las mujeres lo son las remesas y el ingreso laboral. Las desigualdades de género se mantienen al analizar los ingresos del adulto mayor, ya que el hombre obtiene ingresos monetarios que triplican los ingresos de la mujer. Por otro lado, como era de esperarse, a mayor edad, menores ingresos percibidos por el adulto mayor.



Contexto demográfico
En la actualidad, las características demográficas del Perú permiten considerarlo como un país de envejecimiento moderado. En efecto, a septiembre de 2012, las personas de 60 a 79 años de edad representaron 7.6% de la población total mientras que los adultos del 80 a más años correspondieron al 1.4%; sin embargo, debido a los cambios en la dinámica poblacional que el Perú viene experimentando desde la segunda mitad del Siglo XX se ha previsto que dicha situación se modifique de manera radical hacia finales del Siglo XXI. En particular se espera que la población de 65 años a más, pase de significar de alrededor del 6% de la población total en la actualidad a cerca del 17.1% en   2025 y 29.9% en 2100.



En forma de conclusión, se puede resaltar que el proceso de envejecimiento ha cobrado relevancia en los últimos años en Perú. La población adulta mayor se ha incrementado a una tasa de 3.5% anual y actualmente en el Perú, 9 de cada 100 personas tienen 60 años o más de edad. Adicionalmente, la tercera parte de hogares cuenta con la presencia de al menos un adulto mayor. En la mayoría de los casos, pese a la contribución que los adultos mayores tuvieron durante su juventud, tienen que seguir trabajando por diversos motivos principalmente económicos, lo cual no debería ser así, en general, los adultos mayores deberían de gozar de un descanso pleno durante esta etapa, pero, se evidencia una realidad compleja para la mayoría de estas personas ya que sólo un reducido número cuenta con pensión de jubilación o viudez. Asimismo, se halló que la gran mayoría no participa de alguna actividad laboral debido a problemas de salud, sin embargo, quienes sí lo hacen, es porque tienen mayores carencias y responsabilidades en su hogar. La participación del adulto mayor en el mercado laboral se da de manera informal y mal remunerada.

Fuente:
Olivera, J., Clausen, J. (2013) “LAS CARACTERÍSTICAS DEL ADULTO MAYOR PERUANO Y LAS POLÍTICAS DE PROTECCIÓN SOCIAL”, tomado de: http://departamento.pucp.edu.pe/economia/images/documentos/DDD360.pdf



Ramos, M. (2009) “LAS PERSONAS ADULTAS MAYORES Y SU CONTRIBUCIÓN A LA LUCHA CONTRA LA POBREZA”, tomado de: http://www.unfpa.org.pe/publicaciones/publicacionesperu/MIMDES-Personas-Adultas-Mayores.pdf

lunes, 6 de abril de 2015

Disfrutando del Envejecimiento Activo

El comportamiento sedentario aumenta con la edad y es un importante factor de riesgo para trastornos que incluyen enfermedades del corazón, obesidad y diabetes. El deterioro fisiológico normal y la presencia de enfermedades, disminuye progresivamente la capacidad funcional, para dar paso al “deterioro funcional”. Al continuar el decaimiento propio de la etapa del envejecimiento, la persona encuentra ciertas limitaciones para ejecutar actividades rutinarias que requieren algún tipo de coordinación física o mental: manejo del hogar, caminatas fuera de casa, uso del transporte público, preparación de alimentos, administración del dinero o uso de aparatos electrónicos; para finalmente llegar a la incapacidad funcional, en la que ya no se es autosuficiente para comer, vestirse, bañarse, tomar decisiones propias etc., lo que le convierte en un ser dependiente. Investigaciones recientes demuestran el beneficio que produce la práctica de la actividad física regular en los adultos mayores, aún los considerados “demasiados viejos” o  “frágiles” que participan en programas de fisioterapia. Estos estudios demuestran que los resultados de la actividad física en los adultos mayores, se asemejan en cierta medida a la de los jóvenes.



Aun cuando el adulto mayor se le considere teóricamente sano, en la gran mayoría de los casos son portadores de por lo menos una enfermedad crónico-degenerativa que posiblemente se encuentre en fase asintomática, siendo éste el momento ideal para iniciar un programa de adecuación física. Sin embargo, cuando este tipo de enfermedades se encuentran en estado más avanzado y representa ya una limitación para la realización de las actividades diarias, el programa debe adaptarse a las condiciones clínicas del paciente.



El cuadro mostrado, indica 3 etapas en el proceso de madurez en la persona anciana, además de las características, notándose que si en la primera etapa mencionada, se comienza con una vida diaria a basa de ejercicios y buena alimentación, se puede gozar de una buena calidad de vida en el futuro.

A continuación, se muestra los problemas en las áreas que más afectan a los adultos mayores, los cuales producen modificaciones en el estado de salud: se alteran las estructuras y se reducen las funciones de las células y los tejidos de todos los sistemas del organismo.
·         La masa metabólica activa.
·         El tamaño y función de los músculos.
·         El sistema esquelético.
·         La respiración.
·         El aparato cardiovascular.
·         Los riñones.
·         Las glándulas sexuales.
·         Los receptores sensoriales.
·         La médula ósea y los glóbulos rojos.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) utiliza el término "Envejecimiento Activo" para expresar el proceso con el que se consigue este objetivo. En pocas palabras, el envejecimiento activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen. 

El envejecimiento activo puede ser aplicado tanto a los individuos como a los grupos de población, además, permite a las personas realizar su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todas las etapas y participar en la sociedad de acuerdo con las necesidades que la persona tenga, además de deseos y capacidades, que a su vez les proporciona protección, seguridad y cuidados adecuados cuando necesitan ayuda. Las personas mayores que se retiran del trabajo y las que están enfermas o viven en situación de discapacidad, pueden seguir contribuyendo activamente con sus familias, sus pares y su comunidad en general. Esta temática del envejecimiento activo trata de ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida para todas las personas a medida que envejecen, incluyendo aquellas personas frágiles, con discapacidad o que necesitan asistencia. El envejecimiento tiene lugar dentro del contexto de los demás: los amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos y los miembros de la familia. 



Por ello, la interdependencia y la solidaridad de distintas generaciones, dar y recibir de manera recíproca entre individuos de un mismo contexto, así como entre generaciones de viejos y de jóvenes, son principios importantes de este tema. Por lo tanto, el envejecimiento activo debe considerarse como el objetivo primordial de la sociedad y de los responsables políticos, en un intento de mejorar la autonomía, la salud y la productividad de los mayores.

Entonces, en forma de conclusión, la participación periódica en actividades físicas moderadas puede retrasar el declive funcional y reducir el riesgo de padecer enfermedades crónicas tanto en los ancianos sanos como en aquellos que ya las sufren. Un estilo de vida activo mejora la salud mental y suele favorecer los contactos sociales. El hecho de mantenerse activo puede ayudar a las personas mayores a conservar la mayor independencia posible durante un mayor período. Por lo tanto, existen ventajas económicas en el hecho de que las personas mayores permanezcan activas físicamente, entre ellas, la reducción considerable en los gastos médicos. Si se quiere hacer del envejecimiento una experiencia positiva, gozar de una vida más larga, se debe acompañar de oportunidades continuas de salud, participación y seguridad.


Referencias:

Morel, V. (2014) “Ejercicio y el Adulto Mayor”, tomado de: http://www.geosalud.com/adultos_mayores/ejercicio.htm


Landinez, N., Contreras, K., Castro, A. (2012) “Proceso de envejecimiento, ejercicio y fisioterapia”, tomado de: http://www.scielosp.org/pdf/rcsp/v38n4/spu08412.pdf


Chávez, J., Lozano, E., Lara, a. (2013) “LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL DEPORTE EN EL ADULTO MAYOR”, tomado de: http://www.salud.gob.mx/unidades/cdi/documentos/DOCSAL7516.pdf

domingo, 5 de abril de 2015

Adultos mayores vs. Tecnología


La aportación de las nuevas tecnologías a la calidad de vida de las personas mayores parece obvio para todos, pero se debe de distinguir aparte lo que sería Internet, ya que este medio está cambiando la forma de entender, no solo la forma de comunicación, sino que está cambiando en general, casi todos los aspectos de nuestras vidas.



Adentrándonos al tema, mencionamos que uno de los estereotipos de la sociedad actual, y también en el transcurso de la historia de los medios de comunicación, es que el uso de las tecnologías se asocia únicamente a la gente joven. Sin negar el hecho que toda nueva tecnología es utilizada en su mayoría, por las personas más jóvenes, sin mencionar que el mercado de la tecnología, les ofrece más oportunidades para interaccionar con ellas; ello no debe entenderse como que están negadas para las personas de edades diferentes, sean éstos niños o mayores. Un ejemplo de ello sería, que Internet está reservada a personas situadas dentro de una banda de edad.

Es cierto que hay personas que están en desacuerdo con el uso de las nuevas tecnologías en las distintas labores sociales, por ejemplo en el ámbito académico, hay algunos docentes los cuales aún prefieren el método de enseñanza antiguo, esto puede ser debido a diversos factores, como por ejemplo, el no saber cómo manejar la tecnología para un fin, o por la simple idea de que estos instrumentos les resulta como una interferencia a su estilo de enseñanza, y no solo se puede dar este ejemplo, si no muchos, los que demuestren el estereotipo de que la gente anciana no sea capaz de adecuarse a estas nuevas tecnologías.



Resulta imposible adquirir ningún tipo de conocimiento si no existe voluntad de adquirirlo, de esta forma podemos decir que aprender tiene gran determinación de intencionalidad, aspecto que como se dijo anteriormente se cree que existe en las personas mayores que voluntariamente acceden a procesos formativos sea cual sea la naturaleza de estos. Se debe tener en cuenta que cada individua tiene un estilo de aprendizaje diferente, unos hábitos de trabajo distintos y una disponibilidad diferente. Es decir,  se debe de tener en cuenta las diferencias individuales, en cuanto a la metodología más importante a emplear con los mayores, es la del análisis de su propia experiencia, optando cada uno de ellos a cualquiera de las rutas alternativas que les vamos a proponer (Pavón, 2000).




Ante la posibilidad de aprender de estas nuevas tecnologías, se debaten entre los que quieren hacerlo y a los que les gustaría (42,3 %) y los que lo ignoran en contra de ello (45,9 %). Lo que, por otra parte pueden ser formas de entender la vida en las personas mayores, que también se muestra a la hora de enjuiciar a la sociedad actual, las máquinas, el progreso tecnológico, etc. (que aunque formaron parte del cuestionario, no lo es objetivo de este trabajo).

En forma de breve conclusión, se debe de tomar en cuenta que aunque las personas mayores, por lo general, no suelen usar las nuevas tecnologías, sobre todo las de soporte informático, no lo hacen porque desconocen e ignoran las potencialidades que para ellos pueden tener. Pese a este desconocimiento, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han desarrollado buenas opiniones de parte del público adulto mayor, se muestran predispuestos a intervenir en proceso de formación en su uso y utilidad. De este modo, parece viable e interesante ofrecer a los mayores la oportunidad de mostrarles las posibilidades de las mismas para la mejora de la calidad de sus vidas, como formas de atender a sus necesidades y enfrentarse a situaciones de aislamiento, dificultad de desplazamiento o de interacción y comunicación.



Referencia:
Muñoz, L. (2002) “Las personas mayores ante las tecnologías de la información y la comunicación. Estudio valorativo”, disponible en: https://www.ugr.es/~recfpro/rev61COL10.pdf


Barroso, J., Cavero, J., Romero, R. (2005) “Las personas mayores y las nuevas tecnologías: una acción en la sociedad de la información.”, disponible en: http://tecnologiaedu.us.es/cuestionario/bibliovir/mayoresynntt.pdf

sábado, 4 de abril de 2015

Duelo en adultos mayores

Para comenzar a hablar de este tema, es necesario primero, definir qué es el duelo; El duelo es el proceso psicológico que se produce a partir de alguna pérdida. Entonces, aclarado este punto, podemos comenzar a tratar el tema que nos interesa.

Una cuestión que afecta al sistema familiar es el aumento de población anciana en duelo, mientras que la edad máxima de vida de los seres humanos ha aumentado ínfimamente significativamente en los últimos años, el número de personas mayores de 60 años ha crecido, y seguirá creciendo durante el siglo XXI. Con este incremento, surge un número cada vez mayor de ancianos que han sufrido un duelo, especialmente la pérdida del cónyuge o de amigos cercanos.






¿Es el duelo diferente en las personas adultas mayores?

 La experiencia de la pérdida en cada momento dentro del ciclo vital presenta características propias, cada situación tiene su carga dramática y en cada caso hay variables diferentes que pueden complicar el duelo o dificultar su proceso. Tener una edad avanzada puede influir considerablemente en el modo en que las personas se enfrentan al dolor por la pérdida de un ser querido, y las ideas sociales dominantes sugieren a menudo que esta influencia es, por lo general, totalmente negativa para las personas mayores.

Con la edad, el número de muertes de amigos y miembros de la familia aumenta, este número cada vez mayor de pérdidas en un período breve, puede hacer que la persona se desborde y no elabore los duelos, sin mencionar la ansiedad existencial la cual afecta a esta persona debido a las constantes perdidas que atraviesa a través de su envejecimiento. Además de estas pérdidas, hay otras que puede experimentar la persona de edad, como la pérdida del trabajo, de su ambiente, del estatus familiar, de vigor físico, incluyendo las discapacidades físicas, la disminución de las propias sensaciones y, para algunos, la pérdida del funcionamiento cerebral o disminución de la capacidad cognitiva. Todos estos cambios, añadidos a las pérdidas debidas a muerte, se han de elaborar. La capacidad de cada uno para hacerlo se puede reducir a causa de la gran cantidad de pérdidas sufridas en un período breve de tiempo.








En conclusión, lo que se propone como una de tantas soluciones que pueda haber respecto a este tema, sería la formación de los grupos de apoyo para personas en duelo pueden los cuales resultan ser útiles a cualquier edad; incluso convendría como algo importante para los ancianos. Esto significaría ofrecer un contacto humano importante a aquellos que están experimentando niveles altos de sentimientos de soledad o abandono. En un estudio se descubrió que personas de ambos sexos, querían participar en grupos de apoyo, en este grupo estaban las personas que sentían un mayor grado de depresión, menos satisfacción vital, y los que percibían que no lo estaban afrontando bien. Entonces, se demuestra que la mayoría de personas adultas mayores, tienden a tener gran disposición a la ayuda para el afrontamiento del proceso de duelo.



Fuentes:

Pérez, M. (2011). “EL DUELO EN EL ANCIANO”, tomado de: http://www.paliativossinfronteras.com/upload/publica/libros/acompanamiento-duelo-med-paliativa/06-EL-DUELO-EN-EL-ANCIANO-PEREZ-T-.pdf

Chávez, A. (2011) “DUELO Y DEPRESION EN EL ADULTO MAYOR”, tomado de:

http://www.tanatologia-amtac.com/descargas/tesinas/22%20Duelo%20y%20depresion%20en%20el%20Adulto%20Mayor%20.pdf