Se puede tomar como punto de
partida la definición de lo que vendría a ser discriminación: “una conducta,
culturalmente fundada, y sistemática y socialmente extendida, de desprecio
contra una persona o grupo de personas sobre la base de un prejuicio negativo o
un estigma relacionado con una desventaja inmerecida, y que tiene por efecto
(intencional o no) dañar sus derechos y libertades fundamentales”, entonces en
relación al tema, la discriminación al adulto mayor sería el desprecio a este grupo, por parte de la
sociedad, debido a su condición física en este caso.
En Latinoamérica, la discriminación a este segmento de la
población se manifiesta en formas diversas, mismas que se presentan en
problemas cotidianos y que se traducen en situaciones de una mayor y más
profunda problemática como son, la violencia, el abandono, el maltrato físico y
psicológico e incluso el abuso económico y sexual. La discriminación a los
adultos mayores parte de diversos factores, como son el cultural, social y
económico, sin embargo existe uno que puede ser de mayor importancia para
incrementar y motivar muchas de las acciones y actitudes de exclusión; la
desvalorización, es decir la construcción de un estereotipo social injusto. De
acuerdo con este estereotipo, los adultos mayores estarían caracterizados por
los atributos negativos de la improductividad, la ineficiencia, la enfermedad y
la decadencia general.

Posibles causas: El envejecimiento entonces pasa de ser un fenómeno natural dentro del ciclo de vida del ser humano a un principio de amenaza y degradación, por lo cual dicha condición no es precisamente esperada con felicidad por las personas. Esto por supuesto impulsa una conducta contraria a los conceptos de igualdad y tolerancia que caracterizan a toda sociedad que se precie de democrática ya que esta alienta la diversidad, garantizando con ello la convivencia de los diferentes en condiciones de igualdad.
La violación a los derechos
fundamentales de los adultos mayores se da, desgraciadamente, en otros ámbitos,
como es la seguridad, la asistencia social, las pensiones y jubilaciones, la
educación, la participación electoral, la procuración de justicia, la
recreación, la información, los servicios públicos, la cultura, el deporte, el
ocio, entre otros. La discriminación a las personas adultas mayores se vuelve
más severa aun si consideramos el hecho de que se añade que la persona adulta
mayor tenga discapacidades.
En conclusión, es de
importancia una activa participación social que permita la adopción de medidas
positivas y preventivas, que no se quede únicamente en el ámbito de lo simbólico
sino que se propaguen en las estructuras culturales, lo cual permitirá reducir
la exclusión y dar impulso a la cultura a favor de la igualdad en todos sus
sectores. Es importante entonces el fomento de la cultura de la No
discriminación, en donde se distingan, de manera importante, la familia y el
entorno social, campos que resultan significativos para este grupo de personas,
de igual forma, los medios jugarían un papel importante para la concientización
de la sociedad, y también como elemento de apoyo en el propósito de desvincular
a las personas adultas mayores de los estereotipos negativos; y,
necesariamente, los sectores privado y social como fuentes potenciadoras de
oportunidades de inclusión laboral y social.
Referencia:
- Romero J. (2005). "Discriminación y adultos mayores: un problema mayor.” Distrito Federal, México. Disponible en http://www.redalyc.org/pdf/325/32513408.pdf
- Montes, V.
(2013). “La discriminación hacia la vejez en la ciudad de México:
contrastes sociopolíticos y jurídicos a nivel nacional y local”, Distrito
Federal, México. Disponible en: http://seminarioenvejecimiento.unam.mx/Publicaciones/articulos/discriminacion_vejez_cd.pdf

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